La formación de los estudiantes de pediatría pasa por asimilar los procedimientos para mejorar la seguridad del paciente.

Se estima que los errores médicos son la tercera causa de muerte en Estados Unidos, después del cáncer y las enfermedades cardíacas. Es una cifra alarmante que el sector salud trata de reducir por todos los medios.

Un estudio basado en datos pediátricos del Colorado and Utah Medical Malpractice Study ha estimado que aproximadamente 70.000 niños hospitalizados en Estados Unidos sufren un evento adverso cada año, y calculan que un 60% de estos son prevenibles. Este estudio ha determinado que las causas más frecuentes de eventos adversos en niños hospitalizados en Estados Unidos son aquellas relacionadas con el parto, los errores de diagnóstico y los errores de medicación.

Si bien ahora la seguridad del paciente y la mejora de la calidad también se enseñan en la facultad de medicina, falta que los estudiantes de pediatría aprendan durante su formación a aplicar dichos principios de mejora. Para prevenir los errores médicos es fundamental saber que la mayoría de estos son atribuibles a sistemas imperfectos y no a individuos imperfectos.

Los líderes de los centros sanitarios deben impulsar la creación de una cultura de la seguridad, en la que los profesionales den ejemplo a los estudiantes. Las reuniones de seguimiento, las guías de buenas prácticas y las propuestas de mejora tienen que estar a la orden del día. Si se involucra a todo el equipo médico, la búsqueda de la calidad en la atención y seguridad del paciente serán más efectivas. Para lograrlo, un ambiente de confianza anima a los estudiantes a dar su opinión sin sentirse juzgados e incrementa su compromiso con la cultura de la seguridad en el entorno hospitalario.

En la detección de errores, la Global Trigger Tool (GTT), una herramienta que utiliza la revisión de historias clínicas asociadas a eventos adversos mediante la identificación de señales de alarma (‘triggers’), ha demostrado ser mucho más efectiva que la notificación voluntaria. Sin embargo, es necesario inculcar la honestidad en los estudiantes para que informen de los errores. Construir sistemas no punitivos y derribar las barreras para la notificación de errores es fundamental. Además, la transparencia ante los pacientes y sus familias es una habilidad que la práctica médica requiere. Cuando se produce un error, las familias esperan una disculpa y una explicación.

Una vez detectado el error, debe investigarse su causa. El análisis de causas raíz (ACR), un método que permite identificar la causa de un error a partir de la revisión retrospectiva del caso para evitar su recurrencia, ha demostrado ser efectivo para la prevención de eventos adversos. Este debe llevarse a cabo por un grupo de expertos del área pero no involucrados en el error. Saber el origen del error permite el desarrollo de estrategias y la aplicación de técnicaspara reducir la probabilidad de reaparición.

El análisis modal de fallos y efectos (AMFE) es otra técnica para detectar errores. A diferencia del ACR, el AMFE se lleva a cabo antes de que el evento adverso suceda. Este método, para detectar fallos potenciales, permite el rediseño de aquellos procesos que todavía no se han implementado.

Estandarizar la práctica clínica a través de una guía de buenas prácticas también reduce la incidencia de eventos adversos. La mala comunicación, por ejemplo, es otra de las causas que lleva a los errores adversos. Un método para evitar los errores de medicación, frecuentes en pediatría, es la receta electrónica que elimina la posibilidad de malentendido entre el médico y el farmacéutico.

Fuente original: Valentini P. Patient safety and quality improvement: What the pediatric trainee needs to know. Progress in Pediatric Cardiology Volume 44. P. 47–53. Marzo 2017. Disponible en: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1058981317300048.

 

 

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